Gracias por tomarnos en cuenta. Leo muchos talentos, mucha gente que tiene algo que decir. Impresionante... es un mar, y algunos se dan la tarea de pescar.
La afinación secreta de Bach: El reto de que una pieza suene armónica en cualquier tonalidad. De
José Antonio Bustelo
Cuando Johann Sebastian Bach reunió las obras que compondrían el primer volumen de “El clave bien temperado” en 1722, elaboró de su puño y letra una portada para el manuscrito. Con una hilera de volutas en el margen superior y un extenso título en forma de caligrama, suponía el broche a una colección de preludios y fugas que haría historia en cuanto a la afinación de los instrumentos, especialmente los de teclado.
Desde la Antigüedad, la afinación conocida como pitagórica era capaz de obtener todas las notas a base de encadenar intervalos de quinta. Si las notas con esta separación, por ejemplo, do y sol (do-re-mi-fa-sol) guardan una proporción de 3/2 en sus frecuencias, forman una quinta justa o perfecta por su armonía sonora. Tras completar 12 intervalos de quinta, se retornaba a la nota original solo que 7 octavas más aguda, pero esto no sucede exactamente así. El círculo de quintas no logra cerrarse porque el último intervalo es un poco más pequeño que los demás. Esta quinta del lobo, como se denominaba por su disonancia, era el tributo para que algunas tonalidades sonaran especialmente armónicas a costa de que otras se percibiesen desafinadas.
La caverna del café: 4 lecciones para dejar de beber mentiras. ¿Estamos tomando buen café o estamos siendo engañados? De Notas de libros y cafés:
Acerca del café hay más mitos y mentiras que otra cosa. (...) El color, la primera pista. La tercera lección es entender que un café no es de color negro. Ni en grano, ni molido, ni servido en la taza el café debe verse negro. El buen café cuando está en grano o molido debe ser color marrón claro, y cuando está servido en la taza es color café, ámbar, o rojizo, similar a un té. Además, es muy importante saber desde ahora, que un café negro o quemado es perjudicial para la salud, por contener micotoxinas y benzopireno (por eso produce acidez y malestares digestivos), mientras que un café especial de tueste medio es saludable porque es rico en antioxidantes, que se destruyen cuando el café es muy tostado, negro.
El olor no miente. Y la cuarta lección es que el café en el empaque o en la taza no debe oler a quemado, húmedo, rancio, tierra, vinagre… debe oler a frutas, flores, hierbas, a fresco, el olor debe ser muy agradable. Entonces, si el café que compras no cumple con alguna de estas características de olor, color y sabor, estás pagando por café de baja calidad.
Del artista que sofocó al abismo: Anotaciones e ideas del espíritu más importante del romanticismo. Del Sr. Pedro.
Dedico este escrito al músico de Bonn, el espíritu más resplandeciente, que iluminó a los vieneses un 7 de mayo de 1824 y ahora ilumina a toda la humanidad. De una vida tumultuosa, retraído, por una injusta sordera, acuñó la música más audaz, la más sincera. El destino le privó de la armonía y su alma generosa se lo dio al mundo. Hegel se equivocó de espectro. El espíritu a caballo es él. Pasó el Rin, el Volga y los altos pirineos, sin batallones surcó el Egeo. No hay confín que no haya socavado.
Incluso en el plano ruin tenemos un Ludwig. Son las caricias del mundo, sus treguas, sus dotes.
¿Cómo es vivir con depresión? Salud mental, fe y literatura. De Patricia. Bastante popular.
Cada mañana al despertarme mi cerebro tarda exactamente cinco segundos en ubicar dónde estoy. Una vez finalizado ese proceso, mi cuerpo recibe una oleada de ansiedad que me hace recordar que tengo depresión. No es la primera vez que paso por un periodo depresivo, pero lo cierto es que nunca te acostumbras a ello: despertar y sentir que estás atrapada en tu cuerpo, que quieres huir pero no puedes. Entonces no te queda más remedio que permitir la compañía de una ansiedad que te persigue como una sombra, una nube gris envolviendo tu cabeza.
Tengo depresión, pero si convives conmigo no lo notarías. Sé fingir estar bien, llevo años asumiendo ese papel de persona feliz. En mi infancia la tristeza se pagaba con violencia, así que aprendí a reprimir cualquier emoción que implicase que los demás sintieran incomodidad. Siempre vuelvo a hablar de mi infancia porque ahí está la raíz de lo que soy ahora: una persona fragmentada.
Tengo depresión pero no me quedo en mi cama, sino que me levanto, me lavo la cara y me cepillo los dientes, aunque intente evitar instintivamente mi reflejo. Preparo el desayuno de manera mecánica porque, si empiezo a pensar un poco, dejaría el café a medio hacer y volvería a meterme en mi cama. A veces alguien de mi familia entra en la cocina y me habla, pero lo miro y no lo reconozco. Me parece una persona extraña, desconocida, mientras busco en su rostro la familiaridad que nos une. No hagas caso, me digo, tu mente está disociándose para poder protegerte. ¿Protegerme de qué? Me respondo mientras añado el azúcar a mi café. No sé qué es peor: no sentir nada o sentir demasiado. Ambos estados me paralizan.
¿Escribir con IA es vender tu alma al diablo? Depende de los límites que establezcas para su uso.
De Izaskun Albéniz.
La inteligencia artificial ya no es una promesa ni una amenaza abstracta: es una herramienta que está entrando en la mesa de trabajo de escritores, editores y agentes a toda velocidad. La pregunta interesante que nos hacemos desde EyP ya no es si puede escribir, sino qué parte del proceso literario estamos dispuestas a delegarle sin que el texto deje de ser nuestro. Sin vender nuestra alma al diablo.
Buscando un para qué. La IA funciona muy bien en tareas de apoyo. No hay que dejar de apreciar que es una herramienta muy útil y como tal, sirve para ordenar ideas, generar variantes de una escena, proponer estructuras, resumir documentación o preparar una sinopsis más limpia. También puede ayudar en la corrección mecánica y en tareas de revisión que consumen tiempo pero aportan poco valor creativo.
Esa utilidad explica por qué tantos autores la están usando ya como asistente, no como sustituto. Lo que afirmábamos antes, utilizarla como una herramienta, como lo hacemos con un diccionario de cabecera; consulta imprescindible para poder expresarnos con más amplitud y concreción en nuestros textos. El problema aparece cuando la herramienta empieza a tomar decisiones que afectan al tono, al ritmo o a la arquitectura emocional del texto. Ahí deja de ahorrar tiempo y empieza a intervenir en la voz. Nos diluimos como escritores y todo comienza a sonar en la misma frecuencia enlatada.
Foco y atención. El arte de evitar los cuellos de botella: La Teoría de las Restricciones aplicada a la escritura y a la vida, y la fábula de la luz. De Pilar N. Colorado.
Repasando mi cajón de sastre en el que guardo retales de artículos, ideas y borradores para traer aquí o para nutrir mis libros y clases, me he encontrado el artículo que te dejo abajo y que aplico, como siempre, a la escritura. Tú puedes aplicarlo a cualquier proyecto de tu vida laboral o personal.
Se trata de la Teoría de las Restricciones (TOC) o cuellos de botella.
Partimos de la idea de que trabajar más horas, añadir nuevas rutinas o exigirte una disciplina férrea suele parecer el camino lógico cuando tu proyecto no avanza, sobre todo en los últimos años en los que nos han colocado la productividad como bandera; años que lo que han provocado es más agotamiento y de los que algunas renegamos. La reacción suele ser que si el resultado no llega, aumentamos el esfuerzo. Sin embargo, ese movimiento muchas veces nos aleja del problema real, porque desplaza la atención hacia lo visible en lugar de hacia lo determinante, porque, quizá, no miramos donde debemos. Lee todo y decide si aplica para ti o no, que esto no deja de ser una teoría no universal.
La Teoría de las Restricciones (TOC), formulada por Eliyahu Goldratt en los años ochenta, propone una forma distinta hasta entonces de mirar cualquier proceso, ya sea una empresa (el origen de la teoría), una novela en marcha o tu propia vida cotidiana.
Su punto de partida es que cualquier sistema, por complejo que sea, siempre está condicionado por un punto concreto que limita su rendimiento global. En otras palabras, para que cualquier sistema sea efectivo, es necesario abordar los cuellos de botella. Todo lo demás puede funcionar con cierta normalidad, pero el ritmo final lo marca ese punto donde el avance se frena.
Tu novela es una mierda (y por eso no te publican): Cómo saber en 30 segundos si tu manuscrito tiene novela o solo paja narrativa. De Javi.
Imagina esto: me llega tu manuscrito por email. Abro las primeras páginas y hago una corrección gratuita de muestra: no solo leo: corrijo 1000 palabras —o 5 páginas— para tantear el texto y que veas cómo trabajo. No rechazo manuscritos —salvo horrores absolutos—, pero ahí ajusto mi tarifa: si veo mucho por pulir, la tarifa sube a la horquilla superior y, si en esa primera impresión lo veo muy pulido, la tarifa baja a la horquilla inferior.
Los editores hacen lo mismo, pero peor: tu primera página decide si apuestan por tu novela o muere en la pila. Ya puedes ser Dostoievski 2.0 que, si no engañas ese filtro inicial, no hay publicación. Sí, es un disparate, pero así es el sector.
Voz auténtica: Frases que no suenan a refrito de taller. Cruda, onírica o técnica: haz notar tu presencia. Nada de empezar con «En un lugar de Albacete, de cuyo nombre no quiero acordarme» se nota que te flipa Cervantes, pero guárdalo para después.
Foco preciso: No vomites backstory de golpe. Empieza in media res: «Mi padre ha muerto». Yo mismo eliminaba siempre las primeras páginas de mis borradores —era (y soy) un chapas superdescriptivo explicando por qué el personaje estaba ahí, quién era, todo justificado—. Ahora borro sin piedad: quita paja, mete al lector directo en la acción. ¿Cuántas novelas empiezan así? Muchas grandes. El lector no pide opinión: la historia ya ha arrancado.
El botiquín contra el aburrimiento: Contra la cultura del ocio enclaustrado. De Eva Guijarro.
Ha llegado a mis ojos, vía YouTube, la existencia de una moda (ahora se dice trend), que me ha dado que pensar: la analog bag. Se trata de una bolsa o cesto de cachivaches, como por ejemplo un libro de colorear, una labor de bordado con todos sus adminículos, un libro de superación personal, una novela romántica y una cámara de fotos analógica, todo bien bonito colocado, y que tiene por objetivo usar alguna de estas cosas en lugar del móvil para hacer doomscroll, o sea, saltar de un contenido digital a otro sin ton ni son.
La lógica detrás de la colección de bártulos antimóvil (me niego a usar más anglicismos en este escrito) es sencilla y parece que tiene sentido: llena una bolsa (mona), con objetos más o menos portátiles (monos), consumibles en tiempos breves y, cuando tengas un rato muerto en vez de mirar el móvil como una mendruga, te pones a hacer calceta, por ejemplo, en la sala de espera del dentista, que es más estético. Fuera de bromas: el objetivo es reducir tiempo de pantallas volviendo a una presunta edad dorada analógica. Cuando el impulso yonqui de coger el móvil sin propósito alguno te acucie, abres el kit de emergencia contra el aburrimiento y alejas de ti el fantasma de Tiktok, al menos por un ratillo.
La ocurrencia empezó a circular hace cosa de un año, de la mano de la tiktoker norteamericana Sierra Campbell, y se viralizó en forma de minivídeos en los que la gente enseña con orgullo las cositas que mete en su bolsa antiaburrimiento. No hace falta ser un lince para advertir la paradoja: la propuesta de desengancharse del móvil se difunde a través de él, y además en formato vertical breve, el más adictivo y proclive al salto compulsivo entre contenidos.
Como no soy usuaria de TikTok, solo he podido seguir la tendencia por medios viejunos, pero me ha llamado la atención, en primer lugar, la cantidad de cosas absurdas que puede llegar a contener la famosa bolsa: un kit completo de acuarela, por si te da por pintar, en el metro; una baraja, entiendo que para echar solitarios, y hasta un walkman con sus correspondientes cintas. Además, los bártulos se rotan cada mes para que el aburrimiento no nos alcance (¿o será para generar contenido para redes sociales?). También es llamativo el uso compulsivo del adjetivo whimsical (¡malditos anglicismos!) para referirse a esta colección de objetos. Whimsical, para los que no saben inglés o no andan por las redes (¡hola, mamá!), se puede traducir como “caprichoso”, pero se usa a menudo para describir estéticas o conductas fantasiosas, soñadoras, casi mágicas y, en no pocas ocasiones, infantiles. De modo que los bártulos antimóvil tienen la función de devolver algo de encanto a la vida, sustituyendo el aparato por algo más alegre y juguetón, que viene a ser como la mochila que le preparo a mi hija de diecinueve meses para que no se aburra mientras esperamos su turno en el pediatra.
Con todo esto no me quiero reír de las veinteañeras que intentan, seguramente sin éxito, alejarse del móvil porque saben que les está robando la vida, sino señalar cómo una vez más se nos hurtan deseos legítimos y se explotan como debilidades. Para empezar, el contenido de la bolsa es claramente aspiracional: pintar acuarelas requiere un despliegue que, fuera de casa, implica cierta valentía y soltura con los materiales; el libro de colorear gatitos no tiene nada que hacer contra el ritmo frenético del índice pasando de un minivídeo a otro y las dos sabemos que vas a rellenar solo tres páginas del no-sé-qué-journal, porque un hábito de escritura o dibujo no se adquiere de la noche a la mañana porque compres material de papelería bonito. Ya había apuntado en otro texto cómo el tiempo libre se ha ido convirtiendo en algo que hay que gestionar, optimizar y justificar. La analog bag no hace más que llevar esa lógica un paso más allá, materializándola en forma de bolso.
Promesa de realización personal y entretenimiento empaquetado ¡y además en oferta!
Creer que por comprar chismes va a haber un cambio milagroso en tus hábitos no deja de ser una forma de pensamiento mágico alentado por las redes sociales: no es muy razonable pensar que, si en enero no has bordado, seguro que en febrero te apetecerá hacer crochet, previo paso por caja. Estoy convencida de que los entusiastas de la bolsa de juguetes para adultos pasan más tiempo viendo minivídeos sobre las bolsas del personal que usando sus propios cacharritos.
Eichmann en Wannsee: Contra las teorías simbólicas de la mente. De Edu Rodríguez.
En un post reciente de su blog, Slavoj Žižek menciona el proceso psicológico que permitía a los nazis cometer atrocidades durante la II Guerra Mundial. Creo que merece la pena citar el párrafo completo:
Hannah Arendt describió en Eichmann en Jerusalén el giro que dieron los verdugos nazis para poder soportar los horribles actos que cometían. La mayoría no eran simplemente malvados; eran plenamente conscientes de que sus acciones causaban humillación, sufrimiento y muerte a sus víctimas. La solución a este dilema radicaba en que, en lugar de decir: “¡Qué cosas horribles les hice a estas personas!”, los asesinos podían decir: “¡Qué cosas horribles tuve que presenciar en el cumplimiento de mi deber! ¡Qué pesada era la carga sobre mis hombros!”. De esta manera, lograban invertir la lógica de la resistencia a la tentación: la tentación a la que debían resistir era la de sucumbir a la compasión y la simpatía elementales ante el sufrimiento humano, y su esfuerzo “ético” se dirigía a la tarea de resistir la tentación de NO asesinar, torturar ni humillar. Mi propia violación de los instintos éticos espontáneos de piedad y compasión se convierte así en prueba de mi grandeza ética: para cumplir con mi deber, estoy dispuesto a asumir la pesada carga de infligir dolor a otros.
En mi 40s: Llamadme Renato. De Humania Antológica.
Llamadme Renato. En mis 40s. Me he vendido barato. Lo terrible no es venderse, sino errar en el precio. He fracasado en todas las filosofías que he tenido a bien considerar. He movido la portería cuando era conveniente. Como todo idealista, mis actos no han sabido honrar mis ideales.
Pienso que no tengo nada decir. Que no tengo nada relevante que decir. Me he agostado rumiando desastres que nunca sucedieron. Cuando tuve éxito, lo consideré tan preciado que lo asfixié entre mis manos, tratando de evitar que se escapara, como si fuera un gorrión.
¡Hasta las narices de suscripciones! Ya no somos dueños de nada. Auditoría del consumo digital y nueve grietas para escapar del tecnovasallaje. De ramontes.
Hace dos años y pico, con el nacimiento de mi segunda criatura, decidimos renovar el coche. Teníamos que cambiar sí o sí: con las gigantes sillas de seguridad de los críos y mi desproporcionada estatura (1,98, por si no lo había contado), en el “viejo” Toyota Auris ya no cabíamos. Compramos un SUV grande de Volkswagen donde sillas, niños y adultos podemos más o menos convivir sin ir encogidos como sardinas. El coche va fenomenal. Nos lleva y nos trae, y de momento no ha dado un solo síntoma de envejecimiento. Pero hace unos meses, justo cuando soplaba sus dos velas, nos llegó un mensaje a través de la app de la marca: "Tu suscripción VW Connect Plus caducará en quince días. Renueva por 259€ cada dos años para seguir disfrutando de todas las funciones".
El coche, al salir del concesionario, nos había recibido con un puñado de funciones que ahora íbamos a perder: radio online, actualización de la navegación, señalización de estaciones de carga, apertura y cierre remoto, geolocalización del vehículo... Ninguna imprescindible. Tan poco imprescindibles que decidimos no pagar y seguir usando un coche que, por lo demás, cumple su función estupendamente. Pero la experiencia ya no es la misma. La experiencia de usuario ha sido mierdificada. El hardware del coche puede físicamente seguir haciendo lo que hacía, y muchas de las funciones ni siquiera dependen de servidores de VW; pero la marca ha decidido empeorarla impidiendo que lo haga. Ha decidido ponerte contra la pared con la navaja en los intestinos y decirte: paga.
No pagué los 259€, pero podría haberlos pagado, como seguramente paga una parte de las familias que reciben el mensaje. Porque el coste es "pequeño" si lo comparas con el del vehículo, porque es lunes, porque necesitas mínimamente alguno de los servicios a los que te han acostumbrado durante dos años, porque cancelar es a veces más complejo que continuar... Qué sé yo, mil razones. El tema es que el coche lo pagamos a tocateja en su momento y, de repente, parecía que había plazos pendientes. El coche había sido mutilado. Parecía que era nuestro, pero solo lo era a medias.
Y entonces, con las manos en el volante, empecé a pensar: joder, no sé ni cuántas cosas pago al mes, algunas que no uso ni al 10%, qué sistema tan tirano el que nos ata a una mensualidad a sabiendas de lo limitado de nuestro tiempo, cómo lo tienen montado para empujarnos siempre de la tarifa mensual a la anual...
Etimología de «hombre»: Es realmente curiosa e incluso podría decirse que bastante profunda...De Paco Álvarez Comesaña
El sustantivo hombre proviene del latín homo, hominis, que venía a tener más o menos las mismas acepciones que tiene hoy en día en español. (...) En cuanto a la evolución desde el latín hominem hasta nuestra actual palabra hombre, es sencillo (a partir de 5:33):
A su vez, la raíz del latín homo, hominis es compartida con humus ‘tierra’, ‘suelo’, y se remonta hasta el protoindoeuropeo *dʰéǵʰōm ‘tierra’, de donde *ǵʰm̥mṓ ‘terrestre, terrícola’. Básicamente, un hombre (homo) es el que sale del y pertenece al suelo (humus).
Los hombres en la religión y la mitología: Desde muy antiguo se consideró que el hombre como especie (el ser humano) era un animal que provenía del suelo. Esto podemos verlo reflejado en las mitologías, incluyendo naturalmente la judeocristiana.
Wittgenstein: Te quiero, pero no basta. Un escarabajo, una mosca y la sospecha de que, sin poesía, el mundo se estrecha. De SaraG.
Hay un experimento mental que ideó Wittgenstein en las Investigaciones filosóficas. Imagina que cada persona lleva consigo una caja cerrada. Dentro hay algo que cada cual llama “escarabajo”. Nadie puede mirar dentro de la caja del otro. Y sin embargo todos usamos la palabra, todos la entendemos, todos la empleamos sin que el mundo se detenga. Pero…¿Y si lo que hay dentro de las cajas fuera completamente distinto en cada caso? ¿Y si no hubiera nada?
El escarabajo no es un juego intelectual. Es el problema del dolor, del amor, de toda experiencia que llamamos interior y que no podemos mostrar directamente a nadie. Esas que son las más importantes porque son las que no pueden ser dichas. (...) Claro que es otra cosa. Siempre es otra cosa. Los dos amantes lo saben, ninguno tiene palabras para la otra cosa. ¿Qué tipo de encierro es este? ¿Qué trampa me hacen las palabras?
Solipsismo. Qué se lo digan a Descartes quien con su cogito ergo sum solo pudo demostrar la existencia de su propia mente, una sola conciencia. El lenguaje es lo único que tenemos para salir de nosotros mismos, pero también es lo que nos impide salir del todo. Esto no es un fracaso del lenguaje. Es su condición.
Es preciso retorcer el lenguaje, forzarlo, usar la metáfora para decir en palabras lo que el propio lenguaje nos impide comunicar. Paradójico. Las palabras tienen un límite de significado. Lo que no se puede decir está más allá de él. El amor está al otro lado. Gracias a esta imposibilidad del lenguaje para decirlo todo, nació la poesía, la literatura, la ética, la filosofía. Lo místico.
La corrección de tu novela me va a pagar el chalet en Sotogrande: Por qué el presupuesto de un editor/corrector no es un capricho, sino un filtro que te protege. De Javi
El modelo que llamas tú de primera impresión —y que yo llamo «el precio que me sale del higo»— no es arbitrario. ¿Puede estar basado en el estado de ánimo? Puede estarlo, pero yo prefiero llamarlo una evaluación de la carga de trabajo real, que no siempre refleja fidedignamente el conteo de palabras.
El conteo de palabras es una métrica plana que no permite distinguir esa calidad ni densidad del texto que tú llamas «muestra de estilo». Ahí, estás muy acertado, Pepe Luis. ¿Pero no cerrar tu tarifa hasta no ver esa muestra de estilo no sería también arbitrario? Puto corrector, que se quiere pagar la casa en la playa con la corrección de mi novela.
Totalmente de acuerdo en que un manuscrito que pueda tener 50k palabras que fluye bien, no es igual a 50k palabras que requieren una intervención estructural profunda, reescritura de párrafos o corrección de estilo intensa. Cobrar en base al conteo castiga al corrector cuando tu texto es una verdadera mierda, y es injusto para el autor que le pasa la minga por la cara a María Dueñas.
Esa primera impresión es un diagnóstico inicial: una habilidad técnica desarrollada con años de experiencia. ¿A quién llevarías tu coche a reparar? ¿A tu primo que se acaba de sacar la FP de mecánica, o a un taller con años de experiencia? Tu primo puede ser barato e igual se tira una Cuaresma para determinar qué es lo que le ocurre a tu coche, mientras que en el taller te lo dicen en el mismo día.
Sin embargo, si somos objetivos, tanto tu primo como el taller tienen el mismo problema ante ellos, tu coche, y ambos te van a presentar un presupuesto ¿arbitrario? ¿Objetivo? Cada uno hará su diagnóstico teniendo en cuenta sus circunstancias.
Gracias por tomarnos en cuenta. Leo muchos talentos, mucha gente que tiene algo que decir. Impresionante... es un mar, y algunos se dan la tarea de pescar.
Qué bien lo has dicho... Me gusta mucho esa comparación.
La afinación secreta de Bach: El reto de que una pieza suene armónica en cualquier tonalidad. De
José Antonio Bustelo
Cuando Johann Sebastian Bach reunió las obras que compondrían el primer volumen de “El clave bien temperado” en 1722, elaboró de su puño y letra una portada para el manuscrito. Con una hilera de volutas en el margen superior y un extenso título en forma de caligrama, suponía el broche a una colección de preludios y fugas que haría historia en cuanto a la afinación de los instrumentos, especialmente los de teclado.
Desde la Antigüedad, la afinación conocida como pitagórica era capaz de obtener todas las notas a base de encadenar intervalos de quinta. Si las notas con esta separación, por ejemplo, do y sol (do-re-mi-fa-sol) guardan una proporción de 3/2 en sus frecuencias, forman una quinta justa o perfecta por su armonía sonora. Tras completar 12 intervalos de quinta, se retornaba a la nota original solo que 7 octavas más aguda, pero esto no sucede exactamente así. El círculo de quintas no logra cerrarse porque el último intervalo es un poco más pequeño que los demás. Esta quinta del lobo, como se denominaba por su disonancia, era el tributo para que algunas tonalidades sonaran especialmente armónicas a costa de que otras se percibiesen desafinadas.
https://scistories.substack.com/p/la-afinacion-secreta-de-bach
La caverna del café: 4 lecciones para dejar de beber mentiras. ¿Estamos tomando buen café o estamos siendo engañados? De Notas de libros y cafés:
Acerca del café hay más mitos y mentiras que otra cosa. (...) El color, la primera pista. La tercera lección es entender que un café no es de color negro. Ni en grano, ni molido, ni servido en la taza el café debe verse negro. El buen café cuando está en grano o molido debe ser color marrón claro, y cuando está servido en la taza es color café, ámbar, o rojizo, similar a un té. Además, es muy importante saber desde ahora, que un café negro o quemado es perjudicial para la salud, por contener micotoxinas y benzopireno (por eso produce acidez y malestares digestivos), mientras que un café especial de tueste medio es saludable porque es rico en antioxidantes, que se destruyen cuando el café es muy tostado, negro.
El olor no miente. Y la cuarta lección es que el café en el empaque o en la taza no debe oler a quemado, húmedo, rancio, tierra, vinagre… debe oler a frutas, flores, hierbas, a fresco, el olor debe ser muy agradable. Entonces, si el café que compras no cumple con alguna de estas características de olor, color y sabor, estás pagando por café de baja calidad.
https://notasdelibrosycafes.substack.com/p/la-caverna-del-cafe-4-lecciones-para
Del artista que sofocó al abismo: Anotaciones e ideas del espíritu más importante del romanticismo. Del Sr. Pedro.
Dedico este escrito al músico de Bonn, el espíritu más resplandeciente, que iluminó a los vieneses un 7 de mayo de 1824 y ahora ilumina a toda la humanidad. De una vida tumultuosa, retraído, por una injusta sordera, acuñó la música más audaz, la más sincera. El destino le privó de la armonía y su alma generosa se lo dio al mundo. Hegel se equivocó de espectro. El espíritu a caballo es él. Pasó el Rin, el Volga y los altos pirineos, sin batallones surcó el Egeo. No hay confín que no haya socavado.
Incluso en el plano ruin tenemos un Ludwig. Son las caricias del mundo, sus treguas, sus dotes.
“Hay cientos de príncipes, solo un Beethoven.”
https://pericopirata.substack.com/p/del-artista-que-sofoco-al-abismo
¿Cómo es vivir con depresión? Salud mental, fe y literatura. De Patricia. Bastante popular.
Cada mañana al despertarme mi cerebro tarda exactamente cinco segundos en ubicar dónde estoy. Una vez finalizado ese proceso, mi cuerpo recibe una oleada de ansiedad que me hace recordar que tengo depresión. No es la primera vez que paso por un periodo depresivo, pero lo cierto es que nunca te acostumbras a ello: despertar y sentir que estás atrapada en tu cuerpo, que quieres huir pero no puedes. Entonces no te queda más remedio que permitir la compañía de una ansiedad que te persigue como una sombra, una nube gris envolviendo tu cabeza.
Tengo depresión, pero si convives conmigo no lo notarías. Sé fingir estar bien, llevo años asumiendo ese papel de persona feliz. En mi infancia la tristeza se pagaba con violencia, así que aprendí a reprimir cualquier emoción que implicase que los demás sintieran incomodidad. Siempre vuelvo a hablar de mi infancia porque ahí está la raíz de lo que soy ahora: una persona fragmentada.
Tengo depresión pero no me quedo en mi cama, sino que me levanto, me lavo la cara y me cepillo los dientes, aunque intente evitar instintivamente mi reflejo. Preparo el desayuno de manera mecánica porque, si empiezo a pensar un poco, dejaría el café a medio hacer y volvería a meterme en mi cama. A veces alguien de mi familia entra en la cocina y me habla, pero lo miro y no lo reconozco. Me parece una persona extraña, desconocida, mientras busco en su rostro la familiaridad que nos une. No hagas caso, me digo, tu mente está disociándose para poder protegerte. ¿Protegerme de qué? Me respondo mientras añado el azúcar a mi café. No sé qué es peor: no sentir nada o sentir demasiado. Ambos estados me paralizan.
https://patriciakaderi.substack.com/p/como-es-vivir-con-depresion
¿Escribir con IA es vender tu alma al diablo? Depende de los límites que establezcas para su uso.
De Izaskun Albéniz.
La inteligencia artificial ya no es una promesa ni una amenaza abstracta: es una herramienta que está entrando en la mesa de trabajo de escritores, editores y agentes a toda velocidad. La pregunta interesante que nos hacemos desde EyP ya no es si puede escribir, sino qué parte del proceso literario estamos dispuestas a delegarle sin que el texto deje de ser nuestro. Sin vender nuestra alma al diablo.
Buscando un para qué. La IA funciona muy bien en tareas de apoyo. No hay que dejar de apreciar que es una herramienta muy útil y como tal, sirve para ordenar ideas, generar variantes de una escena, proponer estructuras, resumir documentación o preparar una sinopsis más limpia. También puede ayudar en la corrección mecánica y en tareas de revisión que consumen tiempo pero aportan poco valor creativo.
Esa utilidad explica por qué tantos autores la están usando ya como asistente, no como sustituto. Lo que afirmábamos antes, utilizarla como una herramienta, como lo hacemos con un diccionario de cabecera; consulta imprescindible para poder expresarnos con más amplitud y concreción en nuestros textos. El problema aparece cuando la herramienta empieza a tomar decisiones que afectan al tono, al ritmo o a la arquitectura emocional del texto. Ahí deja de ahorrar tiempo y empieza a intervenir en la voz. Nos diluimos como escritores y todo comienza a sonar en la misma frecuencia enlatada.
https://escribeypublica.substack.com/p/escribir-con-ia-es-vender-tu-alma
Y aquí tenéis la Guía de Artículos de los subgéneros de Ciencia Ficción. Todos juntos para no perderse ninguno:
https://unicorniosypiratas.substack.com/p/guia-de-articulos-de-subgeneros-de
Foco y atención. El arte de evitar los cuellos de botella: La Teoría de las Restricciones aplicada a la escritura y a la vida, y la fábula de la luz. De Pilar N. Colorado.
Repasando mi cajón de sastre en el que guardo retales de artículos, ideas y borradores para traer aquí o para nutrir mis libros y clases, me he encontrado el artículo que te dejo abajo y que aplico, como siempre, a la escritura. Tú puedes aplicarlo a cualquier proyecto de tu vida laboral o personal.
Se trata de la Teoría de las Restricciones (TOC) o cuellos de botella.
Partimos de la idea de que trabajar más horas, añadir nuevas rutinas o exigirte una disciplina férrea suele parecer el camino lógico cuando tu proyecto no avanza, sobre todo en los últimos años en los que nos han colocado la productividad como bandera; años que lo que han provocado es más agotamiento y de los que algunas renegamos. La reacción suele ser que si el resultado no llega, aumentamos el esfuerzo. Sin embargo, ese movimiento muchas veces nos aleja del problema real, porque desplaza la atención hacia lo visible en lugar de hacia lo determinante, porque, quizá, no miramos donde debemos. Lee todo y decide si aplica para ti o no, que esto no deja de ser una teoría no universal.
La Teoría de las Restricciones (TOC), formulada por Eliyahu Goldratt en los años ochenta, propone una forma distinta hasta entonces de mirar cualquier proceso, ya sea una empresa (el origen de la teoría), una novela en marcha o tu propia vida cotidiana.
Su punto de partida es que cualquier sistema, por complejo que sea, siempre está condicionado por un punto concreto que limita su rendimiento global. En otras palabras, para que cualquier sistema sea efectivo, es necesario abordar los cuellos de botella. Todo lo demás puede funcionar con cierta normalidad, pero el ritmo final lo marca ese punto donde el avance se frena.
https://pilarncolorado.substack.com/p/el-arte-de-evitar-los-cuellos-de
Tu novela es una mierda (y por eso no te publican): Cómo saber en 30 segundos si tu manuscrito tiene novela o solo paja narrativa. De Javi.
Imagina esto: me llega tu manuscrito por email. Abro las primeras páginas y hago una corrección gratuita de muestra: no solo leo: corrijo 1000 palabras —o 5 páginas— para tantear el texto y que veas cómo trabajo. No rechazo manuscritos —salvo horrores absolutos—, pero ahí ajusto mi tarifa: si veo mucho por pulir, la tarifa sube a la horquilla superior y, si en esa primera impresión lo veo muy pulido, la tarifa baja a la horquilla inferior.
Los editores hacen lo mismo, pero peor: tu primera página decide si apuestan por tu novela o muere en la pila. Ya puedes ser Dostoievski 2.0 que, si no engañas ese filtro inicial, no hay publicación. Sí, es un disparate, pero así es el sector.
Voz auténtica: Frases que no suenan a refrito de taller. Cruda, onírica o técnica: haz notar tu presencia. Nada de empezar con «En un lugar de Albacete, de cuyo nombre no quiero acordarme» se nota que te flipa Cervantes, pero guárdalo para después.
Foco preciso: No vomites backstory de golpe. Empieza in media res: «Mi padre ha muerto». Yo mismo eliminaba siempre las primeras páginas de mis borradores —era (y soy) un chapas superdescriptivo explicando por qué el personaje estaba ahí, quién era, todo justificado—. Ahora borro sin piedad: quita paja, mete al lector directo en la acción. ¿Cuántas novelas empiezan así? Muchas grandes. El lector no pide opinión: la historia ya ha arrancado.
https://javiapoyatos.substack.com/p/tu-novela-es-una-mierda-y-por-eso
El botiquín contra el aburrimiento: Contra la cultura del ocio enclaustrado. De Eva Guijarro.
Ha llegado a mis ojos, vía YouTube, la existencia de una moda (ahora se dice trend), que me ha dado que pensar: la analog bag. Se trata de una bolsa o cesto de cachivaches, como por ejemplo un libro de colorear, una labor de bordado con todos sus adminículos, un libro de superación personal, una novela romántica y una cámara de fotos analógica, todo bien bonito colocado, y que tiene por objetivo usar alguna de estas cosas en lugar del móvil para hacer doomscroll, o sea, saltar de un contenido digital a otro sin ton ni son.
La lógica detrás de la colección de bártulos antimóvil (me niego a usar más anglicismos en este escrito) es sencilla y parece que tiene sentido: llena una bolsa (mona), con objetos más o menos portátiles (monos), consumibles en tiempos breves y, cuando tengas un rato muerto en vez de mirar el móvil como una mendruga, te pones a hacer calceta, por ejemplo, en la sala de espera del dentista, que es más estético. Fuera de bromas: el objetivo es reducir tiempo de pantallas volviendo a una presunta edad dorada analógica. Cuando el impulso yonqui de coger el móvil sin propósito alguno te acucie, abres el kit de emergencia contra el aburrimiento y alejas de ti el fantasma de Tiktok, al menos por un ratillo.
La ocurrencia empezó a circular hace cosa de un año, de la mano de la tiktoker norteamericana Sierra Campbell, y se viralizó en forma de minivídeos en los que la gente enseña con orgullo las cositas que mete en su bolsa antiaburrimiento. No hace falta ser un lince para advertir la paradoja: la propuesta de desengancharse del móvil se difunde a través de él, y además en formato vertical breve, el más adictivo y proclive al salto compulsivo entre contenidos.
Como no soy usuaria de TikTok, solo he podido seguir la tendencia por medios viejunos, pero me ha llamado la atención, en primer lugar, la cantidad de cosas absurdas que puede llegar a contener la famosa bolsa: un kit completo de acuarela, por si te da por pintar, en el metro; una baraja, entiendo que para echar solitarios, y hasta un walkman con sus correspondientes cintas. Además, los bártulos se rotan cada mes para que el aburrimiento no nos alcance (¿o será para generar contenido para redes sociales?). También es llamativo el uso compulsivo del adjetivo whimsical (¡malditos anglicismos!) para referirse a esta colección de objetos. Whimsical, para los que no saben inglés o no andan por las redes (¡hola, mamá!), se puede traducir como “caprichoso”, pero se usa a menudo para describir estéticas o conductas fantasiosas, soñadoras, casi mágicas y, en no pocas ocasiones, infantiles. De modo que los bártulos antimóvil tienen la función de devolver algo de encanto a la vida, sustituyendo el aparato por algo más alegre y juguetón, que viene a ser como la mochila que le preparo a mi hija de diecinueve meses para que no se aburra mientras esperamos su turno en el pediatra.
Con todo esto no me quiero reír de las veinteañeras que intentan, seguramente sin éxito, alejarse del móvil porque saben que les está robando la vida, sino señalar cómo una vez más se nos hurtan deseos legítimos y se explotan como debilidades. Para empezar, el contenido de la bolsa es claramente aspiracional: pintar acuarelas requiere un despliegue que, fuera de casa, implica cierta valentía y soltura con los materiales; el libro de colorear gatitos no tiene nada que hacer contra el ritmo frenético del índice pasando de un minivídeo a otro y las dos sabemos que vas a rellenar solo tres páginas del no-sé-qué-journal, porque un hábito de escritura o dibujo no se adquiere de la noche a la mañana porque compres material de papelería bonito. Ya había apuntado en otro texto cómo el tiempo libre se ha ido convirtiendo en algo que hay que gestionar, optimizar y justificar. La analog bag no hace más que llevar esa lógica un paso más allá, materializándola en forma de bolso.
Promesa de realización personal y entretenimiento empaquetado ¡y además en oferta!
Creer que por comprar chismes va a haber un cambio milagroso en tus hábitos no deja de ser una forma de pensamiento mágico alentado por las redes sociales: no es muy razonable pensar que, si en enero no has bordado, seguro que en febrero te apetecerá hacer crochet, previo paso por caja. Estoy convencida de que los entusiastas de la bolsa de juguetes para adultos pasan más tiempo viendo minivídeos sobre las bolsas del personal que usando sus propios cacharritos.
https://evaeneljardin.substack.com/p/el-botiquin-contra-el-aburrimiento
Eichmann en Wannsee: Contra las teorías simbólicas de la mente. De Edu Rodríguez.
En un post reciente de su blog, Slavoj Žižek menciona el proceso psicológico que permitía a los nazis cometer atrocidades durante la II Guerra Mundial. Creo que merece la pena citar el párrafo completo:
Hannah Arendt describió en Eichmann en Jerusalén el giro que dieron los verdugos nazis para poder soportar los horribles actos que cometían. La mayoría no eran simplemente malvados; eran plenamente conscientes de que sus acciones causaban humillación, sufrimiento y muerte a sus víctimas. La solución a este dilema radicaba en que, en lugar de decir: “¡Qué cosas horribles les hice a estas personas!”, los asesinos podían decir: “¡Qué cosas horribles tuve que presenciar en el cumplimiento de mi deber! ¡Qué pesada era la carga sobre mis hombros!”. De esta manera, lograban invertir la lógica de la resistencia a la tentación: la tentación a la que debían resistir era la de sucumbir a la compasión y la simpatía elementales ante el sufrimiento humano, y su esfuerzo “ético” se dirigía a la tarea de resistir la tentación de NO asesinar, torturar ni humillar. Mi propia violación de los instintos éticos espontáneos de piedad y compasión se convierte así en prueba de mi grandeza ética: para cumplir con mi deber, estoy dispuesto a asumir la pesada carga de infligir dolor a otros.
https://ubicaciones.substack.com/p/eichmann-en-wannsee
En mi 40s: Llamadme Renato. De Humania Antológica.
Llamadme Renato. En mis 40s. Me he vendido barato. Lo terrible no es venderse, sino errar en el precio. He fracasado en todas las filosofías que he tenido a bien considerar. He movido la portería cuando era conveniente. Como todo idealista, mis actos no han sabido honrar mis ideales.
Pienso que no tengo nada decir. Que no tengo nada relevante que decir. Me he agostado rumiando desastres que nunca sucedieron. Cuando tuve éxito, lo consideré tan preciado que lo asfixié entre mis manos, tratando de evitar que se escapara, como si fuera un gorrión.
https://humaniaantolgica.substack.com/p/en-mi-40s
¡Hasta las narices de suscripciones! Ya no somos dueños de nada. Auditoría del consumo digital y nueve grietas para escapar del tecnovasallaje. De ramontes.
Hace dos años y pico, con el nacimiento de mi segunda criatura, decidimos renovar el coche. Teníamos que cambiar sí o sí: con las gigantes sillas de seguridad de los críos y mi desproporcionada estatura (1,98, por si no lo había contado), en el “viejo” Toyota Auris ya no cabíamos. Compramos un SUV grande de Volkswagen donde sillas, niños y adultos podemos más o menos convivir sin ir encogidos como sardinas. El coche va fenomenal. Nos lleva y nos trae, y de momento no ha dado un solo síntoma de envejecimiento. Pero hace unos meses, justo cuando soplaba sus dos velas, nos llegó un mensaje a través de la app de la marca: "Tu suscripción VW Connect Plus caducará en quince días. Renueva por 259€ cada dos años para seguir disfrutando de todas las funciones".
El coche, al salir del concesionario, nos había recibido con un puñado de funciones que ahora íbamos a perder: radio online, actualización de la navegación, señalización de estaciones de carga, apertura y cierre remoto, geolocalización del vehículo... Ninguna imprescindible. Tan poco imprescindibles que decidimos no pagar y seguir usando un coche que, por lo demás, cumple su función estupendamente. Pero la experiencia ya no es la misma. La experiencia de usuario ha sido mierdificada. El hardware del coche puede físicamente seguir haciendo lo que hacía, y muchas de las funciones ni siquiera dependen de servidores de VW; pero la marca ha decidido empeorarla impidiendo que lo haga. Ha decidido ponerte contra la pared con la navaja en los intestinos y decirte: paga.
No pagué los 259€, pero podría haberlos pagado, como seguramente paga una parte de las familias que reciben el mensaje. Porque el coste es "pequeño" si lo comparas con el del vehículo, porque es lunes, porque necesitas mínimamente alguno de los servicios a los que te han acostumbrado durante dos años, porque cancelar es a veces más complejo que continuar... Qué sé yo, mil razones. El tema es que el coche lo pagamos a tocateja en su momento y, de repente, parecía que había plazos pendientes. El coche había sido mutilado. Parecía que era nuestro, pero solo lo era a medias.
Y entonces, con las manos en el volante, empecé a pensar: joder, no sé ni cuántas cosas pago al mes, algunas que no uso ni al 10%, qué sistema tan tirano el que nos ata a una mensualidad a sabiendas de lo limitado de nuestro tiempo, cómo lo tienen montado para empujarnos siempre de la tarifa mensual a la anual...
https://www.viernesenkiribati.com/p/hasta-las-narices-de-suscripciones
Etimología de «hombre»: Es realmente curiosa e incluso podría decirse que bastante profunda...De Paco Álvarez Comesaña
El sustantivo hombre proviene del latín homo, hominis, que venía a tener más o menos las mismas acepciones que tiene hoy en día en español. (...) En cuanto a la evolución desde el latín hominem hasta nuestra actual palabra hombre, es sencillo (a partir de 5:33):
A su vez, la raíz del latín homo, hominis es compartida con humus ‘tierra’, ‘suelo’, y se remonta hasta el protoindoeuropeo *dʰéǵʰōm ‘tierra’, de donde *ǵʰm̥mṓ ‘terrestre, terrícola’. Básicamente, un hombre (homo) es el que sale del y pertenece al suelo (humus).
Los hombres en la religión y la mitología: Desde muy antiguo se consideró que el hombre como especie (el ser humano) era un animal que provenía del suelo. Esto podemos verlo reflejado en las mitologías, incluyendo naturalmente la judeocristiana.
https://escriptoriodenebrija.com/p/etimologia-hombre
Wittgenstein: Te quiero, pero no basta. Un escarabajo, una mosca y la sospecha de que, sin poesía, el mundo se estrecha. De SaraG.
Hay un experimento mental que ideó Wittgenstein en las Investigaciones filosóficas. Imagina que cada persona lleva consigo una caja cerrada. Dentro hay algo que cada cual llama “escarabajo”. Nadie puede mirar dentro de la caja del otro. Y sin embargo todos usamos la palabra, todos la entendemos, todos la empleamos sin que el mundo se detenga. Pero…¿Y si lo que hay dentro de las cajas fuera completamente distinto en cada caso? ¿Y si no hubiera nada?
El escarabajo no es un juego intelectual. Es el problema del dolor, del amor, de toda experiencia que llamamos interior y que no podemos mostrar directamente a nadie. Esas que son las más importantes porque son las que no pueden ser dichas. (...) Claro que es otra cosa. Siempre es otra cosa. Los dos amantes lo saben, ninguno tiene palabras para la otra cosa. ¿Qué tipo de encierro es este? ¿Qué trampa me hacen las palabras?
Solipsismo. Qué se lo digan a Descartes quien con su cogito ergo sum solo pudo demostrar la existencia de su propia mente, una sola conciencia. El lenguaje es lo único que tenemos para salir de nosotros mismos, pero también es lo que nos impide salir del todo. Esto no es un fracaso del lenguaje. Es su condición.
Es preciso retorcer el lenguaje, forzarlo, usar la metáfora para decir en palabras lo que el propio lenguaje nos impide comunicar. Paradójico. Las palabras tienen un límite de significado. Lo que no se puede decir está más allá de él. El amor está al otro lado. Gracias a esta imposibilidad del lenguaje para decirlo todo, nació la poesía, la literatura, la ética, la filosofía. Lo místico.
https://parresiaia.substack.com/p/wittgenstein-te-quiero-pero-no-basta
La corrección de tu novela me va a pagar el chalet en Sotogrande: Por qué el presupuesto de un editor/corrector no es un capricho, sino un filtro que te protege. De Javi
El modelo que llamas tú de primera impresión —y que yo llamo «el precio que me sale del higo»— no es arbitrario. ¿Puede estar basado en el estado de ánimo? Puede estarlo, pero yo prefiero llamarlo una evaluación de la carga de trabajo real, que no siempre refleja fidedignamente el conteo de palabras.
El conteo de palabras es una métrica plana que no permite distinguir esa calidad ni densidad del texto que tú llamas «muestra de estilo». Ahí, estás muy acertado, Pepe Luis. ¿Pero no cerrar tu tarifa hasta no ver esa muestra de estilo no sería también arbitrario? Puto corrector, que se quiere pagar la casa en la playa con la corrección de mi novela.
Totalmente de acuerdo en que un manuscrito que pueda tener 50k palabras que fluye bien, no es igual a 50k palabras que requieren una intervención estructural profunda, reescritura de párrafos o corrección de estilo intensa. Cobrar en base al conteo castiga al corrector cuando tu texto es una verdadera mierda, y es injusto para el autor que le pasa la minga por la cara a María Dueñas.
Esa primera impresión es un diagnóstico inicial: una habilidad técnica desarrollada con años de experiencia. ¿A quién llevarías tu coche a reparar? ¿A tu primo que se acaba de sacar la FP de mecánica, o a un taller con años de experiencia? Tu primo puede ser barato e igual se tira una Cuaresma para determinar qué es lo que le ocurre a tu coche, mientras que en el taller te lo dicen en el mismo día.
Sin embargo, si somos objetivos, tanto tu primo como el taller tienen el mismo problema ante ellos, tu coche, y ambos te van a presentar un presupuesto ¿arbitrario? ¿Objetivo? Cada uno hará su diagnóstico teniendo en cuenta sus circunstancias.
https://javiapoyatos.substack.com/p/la-correccion-de-tu-novela-me-va